Este viaje inaugural de 104,1 km, con un desnivel positivo de 3475 m y negativo de 3314 m, lanza al peregrino a una epopeya vertical entre el Mediterráneo y las faldas alpinas. Saliendo de Menton, la ciudad de los limones, el camino asciende hacia los pueblos colgados de Roquebrune y La Turbie, ofreciendo vistas al Trofeo de Augusto, antes de descender por las callejuelas de Èze y las alturas de Niza. Esta travesía de tres días, que requiere unas 30 horas de marcha, sigue la antigua calzada romana cruzando el río Var y los macizos del Esterel, donde la roca roja contrasta con el azul sagrado del mar. Entre capillas barrocas y jardines colgantes, el recorrido se convierte en una meditación contemplativa siguiendo los pasos de los peregrinos medievales que desembarcaban aquí para llegar a Arles.
Con 3475 m de desnivel positivo concentrados en tres días, el esfuerzo es constante y requiere una excelente condición física, especialmente en las subidas empinadas hacia La Turbie. La exposición al sol es casi permanente en los balcones de la Riviera y los descensos técnicos por senderos pedregosos pueden cansar las articulaciones.
No olvide sellar su credencial en la iglesia de San Miguel de Menton al comenzar. Lleve una reserva de agua importante ya que las fuentes escasean entre los pueblos altos, y aproveche las variantes del sendero costero en caso de vientos fuertes en las crestas.