Este periplo inaugural de 96,3 km, dividido en tres intensas jornadas de marcha, le transporta desde las orillas de la Riviera hasta las estribaciones del Esterel con un exigente desnivel acumulado de 3222m. Partiendo de la iglesia de Santiago de Menton, el camino se eleva rápidamente hacia los pueblos colgados de Roquebrune y La Turbie, ofreciendo panoramas celestes donde la verticalidad desafía el espíritu del caminante. Al atravesar Èze y La Turbie, caminará sobre las huellas de la Via Julia Augusta antes de sumergirse en las callejuelas históricas de Niza y las murallas de Antibes. Este tramo, marcado por los aromas de la garriga y oratorios discretos, impone una inmersión espiritual profunda en el corazón de los paisajes marítimos y escarpados de la Costa Azul. La llegada a Mandelieu-la-Napoule, tras unas 25 horas de marcha acumuladas, cierra una travesía magistral entre el mar y las cumbres prealpinas.
El esfuerzo es especialmente exigente ya que los 3222m de desnivel positivo se concentran en subidas pronunciadas desde el primer día hacia el Trofeo de Augusto. La gestión de la resistencia es crucial en esta distancia de 96,3 km, alternando tramos urbanos de hormigón que cansan las articulaciones con senderos rocosos expuestos al sol. El paso de las crestas entre Niza y Antibes requiere una vigilancia especial en caso de altas temperaturas debido a la escasa cobertura forestal.
No olvide sellar su credencial desde el inicio en la iglesia de Santiago de Menton o en la oficina de turismo. Hay numerosos puntos de agua potable en los pueblos que atraviesa, pero prevea una reserva mínima de 2L para las subidas hacia La Turbie. Para una experiencia auténtica, priorice una parada en la abadía de Roseland en Niza o en el monasterio de Cimiez.