Este ambicioso recorrido de 61,8 km le llevará desde las escarpadas orillas de Cap-d'Ail hasta el pueblo de Mougins, con un total de 2161 m de ascenso y 2300 m de descenso. Al dejar atrás el Mediterráneo, el camino sube hacia los balcones de la Riviera, pasando por La Turbie y su Trofeo de Augusto, antes de sumergirse en los aromas de la garriga y los olivos centenarios de las colinas de Cannes. El peregrino camina entre el mar y la montaña, encontrando los oratorios de la Brague y la capilla de Notre-Dame-de-Vie, lugares cargados de una devoción milenaria. Atravesar pueblos colgados como Èze o tramos forestales en Valbonne ofrece un contraste sorprendente entre el prestigio de la Costa Azul y la soledad contemplativa de los pinares. Es una intensa inmersión espiritual en el corazón de una Provenza técnica y salvaje, donde cada paso hacia el oeste acerca al caminante a Arlés.
El esfuerzo es constante, con más de 2100 m de desnivel positivo concentrados en subidas pronunciadas desde el mar. Los descensos técnicos en los valles del Parque de la Brague requieren precaución para las articulaciones, especialmente tras varias horas de marcha. La exposición al sol es alta en las crestas rocosas y los puntos de avituallamiento están distanciados entre los pueblos principales.
Planifique una parada espiritual en la capilla de Notre-Dame-de-Vie en Mougins para sellar su credencial en un entorno inspirador. Es imprescindible llenar las cantimploras en La Turbie y Valbonne, ya que las fuentes escasean en el bosque. Para una experiencia auténtica, considere alojarse en la Abadía de Lérins (por barco desde Cannes) si desea realizar un retiro antes de retomar la senda hacia Mougins.